Que Él crezca - 22 de Septiembre 2026

Que Él crezca
Juan 3:30
30 Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.
La vida de Juan el Bautista fue un faro de luz y propósito. Fervientemente, cumplió su llamado de preparar el camino de Jesús, predicando las buenas nuevas, llamando al arrepentimiento y bautizando a quienes se arrepentian de sus pecados. A pesar del gran ministerio que desarrolló, entendía algo profundo y transformador: no era el protagonista de esta historia, todo debía señalar a Jesús, por eso él dijo: “es necesario que Él crezca y que yo mengue” (Juan 3:30). Cuando Juan dijo estas palabras, no estaba hablando desde la derrota, sino desde la seguridad de saber quién era él y quién era Cristo. Juan entendía que su propósito era preparar el camino para Jesús. Cuando llegó el momento de que Cristo ocupara el centro, Juan estuvo dispuesto a hacerse a un lado.
Esta verdad que Juan abrazó es vital para nosotras también. Nuestra existencia no gira en torno a nuestros propios logros o deseos. Estamos aquí para reflejar a Cristo y glorificar a Dios. Al hacernos nosotras mismas a un lado, al ir menguando, como lo dijo Juan, vamos enriqueciéndonos al dar espacio para que Dios se muestre en Su magnitud. Cuando Dios crece en nuestra percepción, nuestros problemas y deficiencias se reducen, pierden su poder sobre nosotras.
Entonces, ¿por qué vivir como si todo dependiera de nosotras? El centro debe ser Jesús, permitirle que vaya creciendo en nuestras vidas cada día, en cada pensamiento y en cada respirar. Que pongamos más atención en Él y menos en nosotras mismas. Que nuestro carácter sea más como el de Él. La vida cristiana no se trata de hacer crecer nuestro nombre, sino de hacer crecer el nombre de Jesús.
“Menguar” no significa que nuestra vida deje de tener valor. Significa dejar de vivir centradas en nosotras mismas. Significa entregar nuestro orgullo, nuestros deseos de reconocimiento, nuestra necesidad de tener el control y aun nuestras propias expectativas para que Cristo tenga el primer lugar. Descubramos el gozo de vivir para un propósito que supera nuestras propias vidas. Permitamos que nuestra narrativa personal se entreteja con la divina, donde Él se convierte en el centro y nosotras en las que dan testimonio de Su grandeza.
¿Qué área de mi vida estoy tratando de mantener bajo mi propio control?
¿Hay algo en mí que necesita menguar para que Cristo pueda ocupar un lugar mayor?
Oración:
Señor, reconozco que muchas veces quiero ocupar el centro. Quiero tener el control, recibir reconocimiento y hacer las cosas a mi manera. Ayúdame a poner mis planes en Tus manos. Que mis palabras, mis decisiones y mi manera de vivir reflejen quién eres Tú. No quiero que mi vida sea conocida por lo grande que soy, sino por lo grande que eres Tú. Crece en mí, Señor, y enséñame a menguar cada día. Amén.
Dios te bendiga
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