Rendidas ante el Señor 3 de Julio 2026
- Princesas y Guerreras

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Rendidas ante el Señor
Filipenses 2: 9-11
11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.
Cuando el Espíritu Santo nos lleva a comprender y reconocer la autoridad de Dios, también nos conduce a la rendición. Cuando Su grandeza nos es revelada, la respuesta natural es postrarnos delante de Él. En el original la palabra “Señor” significa: “Supremo en autoridad”. Se trata de un título que reconoce a Jesús como el Dios Soberano, el Ungido, el Amo y Dueño de nuestras vidas. Filipenses 2:11 nos dice que Jesús recibió la más alta exaltación y es el Señor sobre todo lo que existe y debemos rendirnos ante Él.
Rendirse implica dejar de luchar por cuenta propia y entregarse al dominio de otro con mayor autoridad. Rendirnos a Dios es dejar de resistir a aquel que desea salvarnos, transformarnos y conducirnos a la verdadera victoria. En el plano espiritual somos llamadas a deponer las armas y entregarlas al Señor. Esas armas representan las batallas que hemos intentado librar en la carne: pensamientos equivocados que se levantan contra la autoridad de Dios; sentimientos dañinos, que terminarán contaminando nuestras vidas y las de otros; y actitudes que, lejos de conducirnos a la victoria, nos encaminan al fracaso.
Pero la realidad es que muchas veces hacemos exactamente lo contrario. En lugar de rendirnos queremos hacer nuestra voluntad y el “yo” quiere gobernarnos. Este acto de rendición no es solo un reconocimiento intelectual, sino una entrega profunda que transforma nuestra manera de vivir.
Esta verdad esencial nos ayuda a poner nuestra vida en perspectiva ya que nos ayuda a no sentirnos desanimadas por cualquier situación en la que estemos, sino a encontrar fuerzas al recordar que tenemos un Señor sobre todas las cosas. Al aceptar Su señorío, nos abrazamos a una paz que sobrepasa todo entendimiento, recordando que en Sus manos descansan nuestras preocupaciones y temores. Cada día se nos invita a rendirnos ante Su amor incondicional, recordando que, en Su grandeza, encontramos nuestro propósito y fuerza para enfrentar cualquier adversidad. Él es el Señor y Rey al que debemos adorar, y al hacerlo, descubrimos la plenitud que sólo Él puede ofrecer.
¿Cómo puedo demostrar con mi vida que Jesús es mi Señor?
¿De qué manera glorifica a Dios Padre el reconocer a Jesucristo como Señor?
Oración:
Señor Jesús, te reconozco como mi Señor y Salvador. Ayúdame a honrarte con mis palabras y acciones, para que mi vida glorifique a Dios Padre. Amén.
Dios te bendiga
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