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Prosiguiendo a la meta - 27 de Abril 2026

  • Foto del escritor: Princesas y Guerreras
    Princesas y Guerreras
  • hace 12 horas
  • 2 Min. de lectura

Prosiguiendo a la meta


Filipenses 3 : 12-14


12 No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. 13 Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, 14 prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

En Hechos 9: 1-19, encontramos la conversión del apóstol Pablo, cuando estaba de camino a Damasco. Desde ese encuentro, él quedó completamente gobernado por Cristo y su único deseo era asir, o aferrarse, al propósito para el cual Jesús lo había llamado. De esa manera Pablo prosigue y se extiende para cumplir el llamamiento que Jesús hizo a su vida.


Pablo compara su vida con una carrera, en la que deja atrás lo que ya pasó y se enfoca en lo que está delante, con la esperanza de obtener el premio. Pablo se compara a sí mismo con un corredor. Un corredor tiene una meta fija, nunca mira atrás, mentalmente bloquea la parte de la carrera que ya ha recorrido. El corredor presiona al máximo cada nervio y cada músculo cuando corre con todas sus fuerzas hacia la meta.


Los ojos de un atleta siempre están puestos en la meta. Y esa meta está al final de la carrera, no en otro lugar del recorrido. El hecho de verla y de contemplarla siempre, lo impulsa a extenderse hacia ella. Pablo reconoce que aún no ha alcanzado la perfección ni la plenitud de la salvación, pero que sigue esforzándose por avanzar hacia la meta que Dios le ha puesto.


Nuestra mirada no debe centrarse en el pasado, ni en nuestros logros, ni en nuestros fracasos, sino en el llamado supremo de Dios en Cristo Jesús. Esta carrera no se corre con nuestras fuerzas, sino con la gracia de Aquel que nos alcanzó primero. Cada paso hacia adelante es una respuesta al amor de Cristo, y cada esfuerzo tiene un propósito eterno. Y mientras corremos, sabemos que al final nos espera un premio glorioso: la comunión plena con Cristo y la plenitud de la salvación prometida. 



¿Cuáles son las distracciones que me impiden enfocarme en el propósito que Dios tiene para mí?


¿Cómo puedo mantener mi mirada en lo eterno en medio de las responsabilidades cotidianas?



Oración:


Señor, ayúdame a dejar atrás lo que me detiene y a no quedarme estancada en mis errores o logros pasados. Dame la fuerza y la disciplina para avanzar cada día hacia el propósito que tienes para mí. Que mi enfoque esté en lo eterno y no en lo temporal, y que mi vida refleje un corazón perseverante que busca agradarte. Amén.


Dios te bendiga 

  

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