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Abre las puertas de tu corazón - 2 de Febrero 2026

  • Foto del escritor: Princesas y Guerreras
    Princesas y Guerreras
  • 2 feb
  • 3 Min. de lectura

Abre las puertas de tu corazón


Apocalipsis 3:20


 20 He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. 

Apocalipsis 3:20 es un versículo muy conocido por la mayoría de los cristianos y generalmente lo usamos de manera evangelística, para invitar a las personas que reciban al Señor en su corazón. Sin embargo, este versículo está incluído en el mensaje a la iglesia de Laodisea. Este versículo describe a Jesucristo haciendo un llamado para entrar en la vida de aquellos que le escuchan y le responden. La imagen que se describe aquí es la de una puerta cerrada que solo se puede abrir desde el interior. Cristo no puede entrar en nuestras vidas hasta que abramos la puerta para invitarlo.


Jesús no entra por la fuerza. Él golpea la puerta, espera, llama con amor. Y solo entra si abres. Abrir el corazón es más que sentir algo bello: es un acto de entrega, de confianza. Significa entregarle todo, comenzando con los sentimientos, pero también el dolor, los miedos e inseguridades. A menudo mantenemos nuestros corazones cerrados debido a una decepción o porque sentimos que no somos dignas de recibir el amor de Dios. Pero la verdad es que Él no espera perfección, Él quiere sinceridad. Él quiere vivir en ti, sanar lo que está roto y renovar lo que se perdió.


Cuando abrimos la puerta de nuestro corazón, hacemos espacio para la paz que sobrepasa todo entendimiento. Recibimos dirección, consuelo y fuerza para seguir adelante. Y lo más importante es que llegamos a vivir en comunión con aquel que nos conoce mejor que nosotras mismas. La cena que Jesucristo describe en este versículo es un acto de comunión, intimidad y amistad. La invitación de Jesucristo para cenar con nosotras es una muestra de su profundo amor y de su deseo de tener una relación personal con cada una de nosotras. En la cultura de la época de Jesucristo, compartir una comida era considerado como un signo de amistad y camaradería. 


La cena de Jesucristo indica una relación cercana entre Él y nosotras. En cada latido de nuestro ser, hay un susurro de amor que nos invita a abrir la puerta de nuestro corazón. La calidez de Su presencia está siempre a la espera, recordándonos que nunca estamos solas en nuestro camino. Al permitir que entre, no solo compartimos una cena, sino que también participamos en una dulce relación de confianza. Descubriendo que en cada encuentro con Él, nuestra vida florece con esperanza y gozo.


¿Qué cambiaría en mi vida si realmente le permito entrar y cenar conmigo?


¿Cómo puedo crear más espacio en mi día a día para tener comunión con Él?


Oración:

Señor Jesús,  reconozco que muchas veces has estado llamando a la puerta de mi corazón y no siempre he sabido escucharte. Hoy quiero abrirte, sin reservas ni miedos. Entra en mi vida, acompáñame, transfórmame y enséñame a caminar contigo cada día. Ayúdame a reconocer Tu voz y a responder con amor y obediencia. Amén.


Dios te bendiga 

  

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